Alimentos sostenibles
La comida para el hombre es mucho más que alimentarse y nutrirse. Se trata de la elección de alimentos que componen los platos de cada una de sus comidas, en función de unas normas establecidas para cada cultura. Estas normas vienen estipuladas por la posibilidad geográfica y estacional de la zona, así como por sus creencias y posibilidades económicas. Así pues, existen varias razones para escoger un alimento u otro. Unos prefieren alimentos que conocen de toda la vida, aquellos que preparaban sus madres. Otros se dejan seducir por la publicidad o por la comodidad. Los gastrónomos en cambio, eligen alimentos exclusivos y sofisticados, mientras que muchos vegetarianos tienen en cuenta sobre todo factores éticos. Pero pocos se paran a pensar en el impacto ambiental de la producción y el consumo de cada alimento.
Desgraciadamente, en muchos países desarrollados la cultura gastronómica a pie de calle ha quedado degradada, olvidada a la simple necesidad de alimentarse, en vez de disfrutar de los alimentos y de sus los sentidos: el aroma, el sabor y el color que aportan estos alimentos y del juego que podemos hacer con ellos cocinándolos, combinándolos, etc. Teniendo en cuenta la estacionalidad y el origen.
La producción de alimentos es responsable del 31% como mínimo de las emisiones de gases de efecto invernadero que causa el cambio climático. La dieta representa una emisión media de 1250kg de CO2 por persona al año en países desarrollados. Un impacto similar al recorrer 5.000 km en coche de gasóleo. Por eso hemos de introducir cambios en los hábitos de consumo.
Hoy en día en cualquier supermercado o tienda de frutas y verduras, encontramos cualquier fruta o verdura durante todo el año, por ejemplo, podemos encontrar espárragos en invierno cuando la mejor época para su consumo son los meses de marzo, abril y mayo. Tener al alcance esta hortaliza como muchas otras el resto de meses supone un impacto medioambiental y nutritivo que pocos se paran a pensar.
Si lo paramos a pensar cultivar el espárrago fuera de temporada supondrá reproducir las condiciones normales de crecimiento de esta hortaliza, es decir, controlar la temperatura óptima para su crecimiento, el tipo de suelo, utilizando fertilizantes etc. o de la misma manera comprar espárragos a otros países.
Producir productos fuera de temporada como comprar a otros países supone un coste excesivo en transporte, gasolina, emisiones de CO2, etc. como una pérdida de nutrientes por el camino. Dicho de otro modo, por ejemplo comprar alimentos a otros países, significa que la recolecta de este alimento se hace antes de tiempo y se acaba de madurar en cámaras de refrigeración, así mismo el transporte de estos alimentos al país de venta producirá emisiones de gases. En cuanto al contenido de nutrientes, estos alimentos no contendrán los mismos nutrientes cuando se han recolectado antes de tiempo como este mismo alimento que ha podido madurar en el árbol o la planta y directamente llega al consumidor. Por eso un cambio importante sería consumir productos locales, de esta manera aseguramos la reducción de emisiones de CO2, la utilización excesiva de pesticidas y fertilizantes y aumenta el contenido de nutrientes y así mismo mejoramos la economía de nuestra localidad.
Este pensamiento no es reciente, ya hacia el 1986 surgió la idea del movimiento Slow food en Italia, que pretende recuperar la importancia de la estacionalidad de los alimentos y el respeto del medio ambiente, promoviendo el consumo de alimentos de proximidad.
De este movimiento han surgido restaurantes que elaboran sus platos con alimentos de temporada y de proximidad, los llamados kilometro 0, de los cuales recientemente se ha editado una guía de nuestro país, donde Catalunya es la Comunidad más representada. Demostrando que es posible seguir una alimentación sostenible.












