El Calçot de Valls
Los calçots reciben su nombre gracias a su cultivo: cada uno de los brotes, es decir calçots, que salen de las cebollas de la variedad blanca tardía de Lleida plantadas, se cubren de tierra alrededor de su base, es decir, se calzan. Esto se hace para que los brotes salgan largos y blancos, el aspecto característico de esta variedad de cebolla tierna y dulce.
Los calçots, por su condición de cebolla, son diuréticos, ya que son unas hortalizas muy ricas en potasio y pobres en sodio. Por este motivo se dice que son alimentos depurativos, ya que ayudan a eliminar sustancias residuales.
Existen referencias de las celebraciones de las fiestas de los calçots en Valls desde finales del siglo XIX, aunque la Indicación Geográfica Protegida del Calçot de Valls, aprobada el año 1995, comprende no sólo el Alt Camp, sino también las comarcas del Baix Camp, del Tarragonès y del Baix Penedès. Y de esta última, en concreto de la Juncosa del Montmell, es desde donde os presentamos estos calçots, acabados de cosechar y cocinados con fuego de leña.
Este calçot es digno de su distinción: tiene un pie de color blanco intenso, es dulce, consistente, tierno y sin hilos, de entre 15 y 25 cm de largo y entre 1,7 y 2,5 cm de diámetro.
Acompañados de una buena carne a la brasa, unas judías, y la mejor compañía, el procedimiento para comer calçots es tan sencillo como plantar el babero, y con las manos bien limpias, pelar los calçots todo estirando la parte quemada; pellizcar para bajo, mojar en una buena salsa de calçots, y !hacia dentro!













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